
Nanortalik
Sábado y domingo, 27 y 28 de julio de 2024
Mi viaje a Groenlandia va llegando a su fin y lo hace de una manera brillante. Después de disfrutar de tres días de inmensos paisajes en el inhóspito sur de la isla, donde nos impresionaron sus espectaculares montañas, sus enormes glaciares y el grandioso fiordo de Tasermiut, llegamos a la tranquilidad de una ciudad. Llegamos a Nanortalik. Después de hacer una breve parada en Tasiusaq, un pintoresco pueblo de 80 habitantes, que posee una lamentable y trágica historia. Todos sus habitantes murieron de hambre sobre el año 1880, siendo repoblado en los años 30 del pasado siglo por los familiares supervivientes. Nanortalik, una ciudad de unos 2.300 habitantes, es la segunda más habitada del sur de Groenlandia. Allí está Jose Trejo para darnos la bienvenida. Ese es su cuartel general y nos hará de guía durante estos días. Aquí esta la base de Tierras Polares en esta zona de Groenlandia.


Nos instalamos en el albergue, con todas las comodidades, después de varios días sin ducha, agua corriente, electricidad ni baño. Nuestro alojamiento se ve perfectamente en las fotografías de arriba, que hizo nuestro amigo Jesús. Es la casa de color amarillo. Una maravilla. Y encima poco a poco el día se va despejando de nubes. Las vistas comienzan a ser maravillosas. Tenemos todo el resto de la tarde libre, para visitar la ciudad a nuestro aire. También compramos comida en el supermercado para la cena de esta noche, que hacemos entre todos. El paseo por esta pequeña localidad es un momento de relajación después de los días de aventura en Tasermiut. El «lugar donde hay osos polares«, esa es la traducción literal de Nanortalik. Aunque las posibilidades de encontrarnos uno sean extremadamente pequeñas.


Recorriendo Nanortalik
Estamos a finales de julio y el fiordo está despejado, pero este pueblo permanece aislado por el hielo durante gran parte del año. Nanortalik, como todas las localidades que hemos visto en estos días, es un lugar muy tranquilo. Vamos dando un paseo por sus calles, charlando sobre todas las maravillas que hemos visto durante el viaje y disfrutando de las espectaculares vistas que tenemos a nuestro alrededor. La gran variedad de colores de sus casas nos sigue llamando la atención. Históricamente, los edificios de Groenlandia se pintaban de colores diferentes para indicar funciones diferentes: el rojo para las tiendas o el azul para las casas de los pescadores, por ejemplo. Era una distinción útil cuando el paisaje estaba cubierto de nieve. Un verdadero contraste con el blanco de las cruces del cementerio y el verde del campo de fútbol.


Regresamos a nuestro albergue, nos pegamos una ducha los que todavía no hemos disfrutado de este lujo y preparamos la cena. Hoy tenemos de cocinilla a nuestro querido Rodolfo. Conversaciones de todo tipo y en distintos idiomas, risas, camaradería… un grupo de gente entrañable. Una vez más, como en otros viajes que he realizado, percibo esa emoción intensa de la amistad entre viajeros, que crece fuerte como un árbol joven, se enraiza en tu alma y, espero, que nunca se desvanezca como el humo. Para rematar la jornada del sábado nos acercamos hasta el Café 44 a tomar unas cervezas. Encontramos una guitarra y Celia e Isa se ponen a tocar y a cantar. Nos echamos unas buenas risas y pasamos un rato bien divertido.





Nos despedimos de Nanortalik
Nueva mañana soleada en Groenlandia, hemos dormido de maravilla. Anoche lo pasamos estupendamente. Desayunamos con tranquilidad, se está fenomenal en nuestro alojamiento de Nanortalik. Esta mañana tenemos una visita al Museo de la Cultura y Tradiciones Inuit, considerado el mejor de toda Groenlandia. Llevamos como guía a Jose Trejo, que nos explica de forma magistral un montón de cosas de los primeros habitantes de esta gran isla. Debido a su ubicación, esta zona fue una de las primeras partes de Groenlandia tomada por los nórdicos y una de las últimas alcanzada por los inuit. El museo es una visita obligada para cualquier turista. Aquí se ofrece una visión fascinante de la historia y la cultura de la región, con edificios históricos, artefactos inuit y exposiciones sobre la industria de la pesca y la caza en Groenlandia. Hasta un apéndice a modo de dedo de una ballena que nos enseñó Trejo.





Después de esta visita tenemos un rato de tiempo libre para pasear por la ciudad y visitar la tienda de souvenirs. Un montón de gente camina por las calles porque han bajado los turistas del crucero que lleva fondeado en la bahía desde ayer. Recogemos todo, preparamos los petates y volvemos a la zodiac. Nos despedimos de Trejo y salimos navegando por el fiordo en dirección norte, hacia Alluitsup Paa. Allí paramos un ratito para comer, un pequeño pueblo en mar abierto, con una tarde soleada y muy apacible. Y en ese momento, en la parte de arriba del pueblo, mientras charlaba con María, percibía el mundo como un lugar demasiado reducido para la voracidad de mis sueños viajeros y para la sed que despertaba en mi ánimo la atracción de la lejanía. A continuación seguimos camino a Qaqortoq, pero eso ya es otra historia.








