Groenlandia

El valle de las Mil Flores

Todavía emocionados por la jornada de ayer, navegando con el kayak entre formidables témpanos de hielo y enormes icebergs, esta mañana la afrontamos dispuestos a realizar una ruta de senderismo bien bonita. Groenlandia nos sigue sorprendiendo cada minuto que pasamos aquí. Es una auténtica maravilla poder disfrutar de estos paisajes. Y una suerte inmensa vivirlo en primera persona. Siempre digo que soy un auténtico afortunado por poder viajar hasta estos recónditos lugares. Groenlandia es famosa por sus vastos glaciares, tundras heladas y paisajes inhóspitos, pero pocos saben que este territorio también es hogar de uno de los rincones más sorprendentes y únicos del Ártico: el valle de las Mil Flores. Ubicado en el suroeste de Groenlandia, cerca de la pequeña localidad de Narsarsuaq, este valle es un oasis floral en medio de un entorno que muchos considerarían desolado y frío. Preparada ya la mochila, nos disponemos a comenzar la ruta.


Dejamos el Leif Eriksson Hostel, nuestro alojamiento de estas dos primeras noches en tierras groenlandesas. Base de la agencia de viajes Tierras Polares, con quien he contratado esta expedición. Y estrechamente ligada al conocido aventurero y explorador ártico Ramón Larramendi. En apenas unos minutos queda a nuestra espalda la estatua del personaje que da nombre al albergue, hijo de Erik el Rojo, fundador del primer asentamiento vikingo en Groenlandia por estos lares. Vamos hacia el pequeño puerto de Brattahlíð donde subiremos a nuestra zodiac. Tenemos que cruzar el fiordo de Erik, también llamado Tunulliarfik Fjord. Para aproximarnos en unos minutos hasta Narsarsuaq. Donde se encuentra el aeropuerto al que llegamos el martes. La mañana es muy agradable, hay más nubes que ayer pero nada de frío. Ideal para hacer un trekking por una de las zonas más populares del sur de Groenlandia. Nos espera otra jornada interesante.

El valle de las Mil Flores

En ruta hacia el valle de las Mil Flores

El valle de las Mil Flores se caracteriza por su increíble biodiversidad, con una variedad sorprendente de flores silvestres que cubren las colinas y praderas durante el corto pero vibrante verano groenlandés. En este período, que dura de junio a agosto, el valle se transforma en un espectáculo multicolor donde abundan plantas como la Papaver radicatum (amapola ártica) o el Dryas octopetala (camalote). Los valles y montañas del área están cubiertos de flores que aprovechan al máximo los rayos del sol, que durante el verano brillan casi las 24 horas del día. Antonio, nuestro guía italiano, nos va describiendo durante la ruta todo lo que observamos. Una persona muy servicial y siempre atento a cada paso que damos. Es fabuloso contar con una persona así, que lo mismo te cuenta una curiosidad de la zona como al rato arregla la bota maltrecha de algún senderista intrépido. Seguimos caminando.

El valle de las Mil Flores


A diferencia de otras partes más severas de Groenlandia, el microclima de la zona es más suave y propicio para el crecimiento de la vegetación. En parte gracias al escudo natural que ofrecen las montañas circundantes. Este clima más moderado hace que el valle sea un refugio natural para la flora ártica, con especies que no se encuentran en otras partes de la isla. El valle de las Mil Flores no solo es un espectáculo visual, sino que también tiene un profundo valor científico y cultural. La biodiversidad del valle ha atraído la atención de botánicos e investigadores de todo el mundo. Estudian cómo las especies vegetales han logrado adaptarse a uno de los climas más extremos del planeta. Estas plantas no solo sobreviven, sino que florecen en un entorno donde las temperaturas invernales pueden descender muy por debajo de los -20 grados centígrados. Todo un espectáculo visual.

El valle de las Mil Flores

El valle de las Mil Flores

Itinerario por el valle de las Mil Flores

Un destino turístico en crecimiento

El valle de las Mil Flores ha sido históricamente importante para las culturas inuit y nórdicas que habitaron Groenlandia. Las flores y plantas del valle, junto con los recursos minerales y animales, fueron esenciales para la subsistencia y la medicina tradicional de los pueblos antiguos. En los últimos años, este valle ha comenzado a atraer a un número creciente de turistas que buscan experimentar la belleza de este paraíso ártico. El senderismo es una de las actividades más populares. Los visitantes pueden disfrutar de rutas que atraviesan praderas floridas, cruzan ríos cristalinos y ofrecen vistas impresionantes de los fiordos y glaciares cercanos. Narsarsuaq, la localidad más cercana, sirve como punto de entrada para los viajeros que quieren explorar el valle. Desde allí, se puede acceder a excursiones guiadas que permiten a los turistas aprender sobre la flora y fauna locales, así como sobre la historia de la región.

My friends in Greenland con el valle glacial al fondo:

Arriba, de izquierda a derecha: Paul, Jesús, María, Celia, Laia, Carlos y Rodolfo. Debajo, también de izquierda a derecha: Antonio, Elisabetta, Esme, Pauline e Isa. Tumbado: Mimi.

No hemos tenido necesidad esta mañana de llevar las mosquiteras. Parece que los gigantescos mosquitos que merodean estos lares hoy están tranquilos. También el repelente que utilizamos hace su efecto. De todas formas no hay que confiarse, en cualquier momento puede aparecer de la nada un batallón y hacer una buena escabechina. Después del pequeño tramo de subida, el único un poquillo duro del trekking, nos encontramos de repente con un precioso lago. Y, claro, no podíamos dejar pasar esta oportunidad de pegarnos el primer baño en aguas de Groenlandia. Aunque hoy hay nubes en el cielo, tenemos una temperatura que puede rondar los 15-20ºC. Se agradece el chapuzón. A refrescarse toca.

Tras el valle de las Mil Flores un enorme glaciar

Después de este descanso y refrescarnos en las gélidas aguas del lago, reanudamos la marcha. A poco más de un kilómetro y bordeando el lago por su lado izquierdo nos esperan las mejores vistas de la mañana. Subimos una pequeña cuesta de unos veinte metros y… allí está. La inmensidad del glaciar Kiattut. Este glaciar se caracteriza por su relativa accesibilidad para los excursionistas y aventureros que buscan explorar la naturaleza salvaje de Groenlandia. A medida que los glaciares se desplazan lentamente por la superficie de la Tierra, el Kiattut ofrece una visión fascinante del poder geológico y del cambio climático. Como muchos glaciares en todo el mundo, el Kiattut también está experimentando un retroceso debido al calentamiento global, lo que lo convierte en un testigo crucial de los cambios ambientales que enfrenta el planeta.

Impresionados por la belleza y la fuerza que nos produce el paisaje, es un buen momento para descansar y comer. Mientras admiro este enorme glaciar me vienen recuerdos del viaje a Islandia con María, en el verano de 2019. Nos cuesta dejar este emplazamiento, pero debemos dar la vuelta y regresar por donde hemos venido. Pero no nos vamos sin antes hacer una foto de grupo con el Kiattut detrás. Recogemos nuestras cosas, limpiamos bien el terreno, que no se note el paso del ser humano por aquí, y a caminar de nuevo. El mismo trayecto de vuelta que de ida. Casi trece kilómetros en total. Visitar el valle de las Mil Flores no es solo una oportunidad de disfrutar de la naturaleza, sino también de reflexionar sobre la fragilidad de estos ecosistemas únicos y la importancia de su conservación para las generaciones futuras. Ahora, a navegar.

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