Portugal

Sortelha, una vuelta a la Edad Media

Sábado, 10 de octubre de 2020

En Europa hay un buen número de pequeñas aldeas en donde el tiempo se ha detenido. Son pequeños pueblos en los que la gente del presente ha sabido conservar y rehabilitar con acierto los vestigios del pasado. Muy cerca de mi querida sierra de Gata se encuentran varios de esos lugares, que han dejado la huella de las gentes de la época medieval en nuestra vecina Portugal. Uno de esos rincones con encanto es Sortelha, una de las doce Aldeias Históricas de Portugal, que traigo hoy a diariodeandar para conocimiento de toda aquella persona a la que le interese. Comienza aquí un paseo por varias de estas históricas aldeas del país vecino. Así que espero que te guste la lectura y te animes a visitar estos preciosos lugares.

Sortelha

Entrar en Sortelha es entrar en la Edad Media, escribió José Saramago en su Viaje a Portugal. Lo que da carácter medieval a este aglomerado es la enormidad de las murallas que lo rodean, su espesor, y también la dureza de la calzada, las calles empinadas, y, encaramada sobre piedras gigantescas, la ciudadela, último refugio de los sitiados, última y tal vez inútil esperanza. Dicen que el topónimo de Sortelha (en español, «Sortija») proviene de un juego medieval del mismo nombre. En ese juego, los caballeros competían en introducir la punta de una lanza a través de un anillo de pedrería de alto valor simbólico. Muchas leyendas también en las aldeas medievales portuguesas.

Sortelha

El tiempo se detiene en Sortelha

En Sortelha destacan, además del Castillo, las murallas y el pelourinho (fechado en el siglo XVI), numerosos edificios medievales y del período manuelino. Los pelourinhos son exactamente iguales que los rollos jurisdiccionales de España. Una columna de piedra o de madera, colocada en una plaza o un lugar central público. Donde eran exhibidos y castigados los criminales. Así que la similitud medieval es patente en estas construcciones. Desde el camino de ronda de las murallas es posible descubrir el caserío apiñado en torno a dos plazas, la del Corro y la del Pelourinho, y dos arterias (rua Direita y rua da Fonte), que comunican la Porta da Vila con la Porta Nova.

Cuenta la leyenda que en el tiempo en que Portugal luchaba por la reconquista de As Beiras a los moros, vivía en el Castillo de Sortelha un alcaide cristiano casado con una dama de la que se creía que practicaba la brujería. El matrimonio tenía una hija, cuya belleza era conocida en toda la región. A pesar de no faltarle pretendientes, estaba prometida a otro alcaide de la zona. El castillo fue cercado por los moros y Sortelha vivió tiempos difíciles. Fue entonces cuando la joven doncella conoció al príncipe moro y se enamoró de él, que hacía mucho que le correspondía, y comenzaron a intercambiar mensajes y regalos en secreto para aplacar la pasión que sentían.

Un beso eterno en Sortelha

Sin embargo, la madre de la doncella, siempre atenta, vigilaba a su hija. Se enteró de que los enamorados se encontrarían por primera vez junto a la puerta de la muralla y decidió seguirla. Entonces la encontró besándose con su amado. La bruja (o hada) elevó su brazo sobre la pareja y esta desapareció, dejando en su lugar las dos rocas. Dada la desaparición del príncipe, los moros acabaron por abandonar el asedio y el alcaide, disgustado por la pérdida de su hija, decidió fundar una nueva población en el fondo del valle. De esta historia, no queda nada más que las rocas, a las que el pueblo aún llama As Rochas do Beijo Eterno (las Rocas del Beso Eterno).

A partir del momento en que cruzamos la Porta do Castelo, entramos en la plaza central  y descubrimos el consistorio,  la picota y la casa número 1. Avistamos también el castillo y comprendemos que el tiempo no pasó por aquí. Coronada por un castillo construido en un formidable conjunto rocoso a 760 m de altitud , Sortelha mantiene intacto su aspecto medieval. Por lo que se ve en la arquitectura de sus casas rurales en granito. Su estratégico emplazamiento está en lo alto de un promontorio rocoso desde el que se domina una amplia extensión. Así que fue sucesivamente ocupado por un castro lusitano, un poblado musulmán, y tras la reconquista por Afonso Henriques y la repoblación de Sancho I, por una comunidad cristiana.

Un paseo tranquilo por la aldea

La entrada al castillo está formada por una puerta gótica sobre la que se ve un balcón (Baranda de Pilatos). Con aberturas en el suelo por las que se lanzaban todo tipo de proyectiles contra los atacantes. Es de estilo manuelino y a primera vista hace pensar en una visión más romántica que la que acabo de contar. Desde allí se tienen unas vistas espectaculares de Sortelha. Así que es primordial a partir de aquí dar un tranquilo paseo por esta aldea. Y si puede ser a lo largo de la muralla, mucho mejor. Eso si, si padeces algo de vértigo o problemas de equilibrio, mejor será que subas con algún bastón. Sus dos metros de anchura permiten pasear sin problema, pero hay que tener cuidado en los tramos donde la erosión y el paso del tiempo han castigado duramente la roca. Hemos llegado al pequeño campanario.

El encanto de esta aldea reside en su atmósfera medieval. En la que las casas, todas construidas en piedra de granito y, generalmente, de un solo piso, se cimientan en la roca y armonizan con la topografía del terreno. Los detalles de sus pocos vecinos en los adornos de las viviendas y la manera de ocultar la modernidad, hacen de este lugar un hermoso rincón del que disfrutar. Sus vistas son espectaculares. No tiene la aglomeración de otras aldeas de este estilo. Se llega fácilmente desde las provincias de Cáceres y Salamanca. Y muy cerquita tenemos un lugar donde disfrutar de una buena gastronomía: la Casa da Esquila. Muy recomendable.

Sortelha vista do céu

Sortelha es una de las más bellas y antiguas aldeas portuguesas. Habiendo mantenido su fisionomía urbana y arquitectónica hasta nuestros días. Considerándose una de las mejor conservadas. La visita por las calles y callejuelas del aglomerado, enclaustradas por un anillo defensivo y vigiladas por el castillo del siglo XIII, permite al forastero volver a siglos pasados, por entre las sepulturas medievales, junto a la picota manuelina o delante de la iglesia renacentista. Es hora de dejar las palabras y ver la pequeña película que he realizado. Espero que te guste y si es así deja algún comentario por aquí y suscríbete a mi canal. Todo grabado con un dron como el de la imagen, pincha en ella si lo quieres comprar tú también.

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.