Portugal

Paseo por Lisboa

domingo, 5 de julio de 2009

En la orilla derecha del amplio estuario del río Tajo, la capital de Portugal se extiende sobre encantadoras colinas, disfrutando de una situación geográfica incomparable, a la que debe su destino de ciudad cosmopolita. Su luz excepcional, que ha hechizado a escritores, fotógrafos y cineastas. También la clara amalgama de casas que trepa sobre las colinas, donde resalta el color ocre de los tejados. La policromía de los azulejos de las fachadas y las callejuelas tortuosas de los barrios antiguos. Por lo que le confieren la peculiar atmósfera de ciudad de transición entre el norte europeo y el sur mediterráneo. Así Lisboa se convierte en una ciudad donde dar un paseo es algo trascendental.

Arrancamos esta ruta urbana en el jardín Amália Rodrigues, dentro del parque Eduardo VII. Este bonito jardín, inaugurado en 1996, fue obra del artista Gonçalo Ribeiro Telles en homenaje a la famosa fadista Amália Rodrigues. Aquí podrás contemplar un bonito anfiteatro y un gran lago artificial. A continuación, con un nombre que homenajea al rey inglés Eduardo VII, que habría viajado en 1903 hasta Lisboa en un gesto de aproximación de la firme alianza entre los dos países, el parque Eduardo VII fue construido sobre una de las colinas más altas de la ciudad. Desde la cima de su mirador hacia abajo se contempla la dimensión de un jardín verde y toda la extensión de Marquês do Pombal y de la Avenida da Liberdade, sin nunca perder de vista el Tajo y la sierra de Arrábida.

Paseo por Lisboa

En dirección al río Tajo bajamos por el parque Eduardo VII para encontrarnos con la plaza del Marqués de Pombal. En el centro de la misma se erige un monumento al Marqués de Pombal. La estatua representa a este personaje, gobernador de Lisboa entre 1750 y 1777, junto con un león, el símbolo clásico del poder. Comenzamos a bajar por la Avenida da Liberdade, inspirada en los Campos Elíseos parisinos. Allí se encuentra el hotel donde pernoctamos estas noches, el Marqués de Pombal.

Llegamos donde comienza la famosa avenida, a la plaza de los Restauradores. Mucho más sobria que su vecina la plaza de Rossio. Su nombre homenajea la liberación de Portugal del yugo de los españoles en el siglo XVII. En mitad de la plaza podemos contemplar un gran obelisco que hace referencia a un episodio importante en la historia de Portugal: la independencia lograda por los restauradores en 1640, tras sesenta años de dominación española.

Entre esta plaza y la de Rossio se encuentra la magnífica estación de ferrocarril de Rossio, una construcción de estilo neomanuelino que puedes entrar a ver aunque no vayas a viajar en tren. Seguimos en dirección al río Tajo en nuestro paseo por Lisboa. Llegamos a la rua Áurea, donde nos encontramos, en la intersección con la rua de Santa Justa, con el famoso elevador del mismo nombre. El elevador de Santa Justa es una solución a la empinada subida que conecta la Baixa lisboeta con la zona de Chiado. Fue construido por un ingeniero portugués de origen francés llamado Raúl Mesnier de Ponsard. Aunque no se tenga prueba de ello, algunos lo identifican como discípulo de Eiffel.

Nuestro destino, la praza do Comércio, está cerca. Caminamos ahora por la famosa zona de Chiado. Y nos encontramos con la silueta de los históricos tranvías de Lisboa. Con sus característico colores son, sin duda, una de las imágenes más típicas de la ciudad. Los verás retratados en láminas, imanes, azulejos y cualquier souvenir portugués que se te ocurra. Hay tres tipos de tranvías en Lisboa: los clásicos amarillos y de madera, que datan de principios del XX; los modernos tipo trenes, también amarillos, y los rojos, que son tranvías turísticos, no transporte público como tal.

Seguimos nuestro paseo por Lisboa y escondido entre la rua do Alecrim y la rua das Flores nos topamos con el monumento a Eça de Queirós. Uno de los máximos exponentes literarios del siglo XIX. Este monumento representa al escritor ligeramente inclinado sobre la admirable figura de la Verdad. Desde aquí desembocamos en la plaza Duque da Terceira, con una estatua en el medio en honor de ese duque. El título Duque da Terceira, es un título de nobleza que se entregaba para siempre. Fue instituido por el rey Pedro IV de Portugal. Desde allí a la plaza do Municipio solamente hay unos metros, por la rua do Arsenal, que en el siguiente giro a la izquierda nos deja en la praza do Comércio, nuestro destino y punto final de este paseo por Lisboa.

En el centro geométrico de la plaza y mirando al río, se encuentra la estatua ecuestre de D. José I , al lomo de su caballo Gentil, obra del escultor Machado de Castro. Fue colocada en este lugar, con gran pompa, el 6 de junio de 1775, cumpleaños del Rey, quien asistió discretamente al acto desde una de las ventanas del edificio de Aduanas. Las fiestas duraron tres días e incluyeron un gigantesco banquete para todo el pueblo de Lisboa. Y, hablando de banquete, nada como terminar este paseo por Lisboa con una buena cena. Y nada más y nada menos que en el restaurante 5 Océanos, en la doca de Santo Amaro, en la misma orilla del río Tajo. Un buen lugar para despedir esta visita a Lisboa. Espero que os haya gustado.

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