Maras
Curiosidades,  Perú

Maras, la sal de los incas

Sábado, 16 de julio de 2022

La leyenda cuenta que las aguas saladas que brotan de la montaña son las lágrimas de Ayar Cachi. Dentro de la mitología inca, este era uno de los cuatro hermanos y hermanas que originaron el gran imperio de los Incas. El dios Wiracocha quiso que estos hermanos fundaran un gran imperio. Ayar Cachi lanzó una piedra a una montaña formando una quebrada.  Sus hermanos, temiendo su fuerza y su poder, lo encerraron con engaños evitando así que fuera fundador del imperio. Las lágrimas de este personaje formaron las pozas que luego el sol secó formando estas salineras. Se encuentran a 3.000 metros de altitud, a una hora y media de la ciudad de Cusco. En la ladera del cerro, las salineras de Maras, en forma de terrazas o andenes, son llenadas por agua subterránea que baja por la quebrada. El origen de la fuente es aún un misterio.

Para llegar a las salinas de Maras desde Cusco debemos madrugar. En esta jornada además de hacer esta visita también podemos ver los andenes circulares concéntricos de Moray o realizar una excursión en cuatrimotos (quad). Salimos de la capital del imperio inca y nos dirigimos hacia Chinchero, pasando después por Urubamba. Es una excursión muy sencilla que puedes realizar por tu cuenta. Aunque yo siempre prefiero contratarla con alguna empresa local y poder ir con más gente. Las salineras de Maras están ubicadas en el Valle Sagrado de los Incas, a unos 50 kilómetros de Cusco. Al llegar a la base de las salinas de Maras tendréis que pagar el billete de entrada. Es muy barato, actualmente 10 soles. Esta entrada no está incluida en el Boleto Turístico del Valle Sagrado de los Incas. Todo el mundo debe abonarla. El recorrido está marcado y dura una media hora.

Excursión a las salinas de Maras

Desde el año 800 a.C. se tiene constancia de que el salar de Maras, considerado Patrimonio Cultural Intangible de Perú y ubicado en su comunidad homónima en pleno Valle Sagrado de los Incas, fue explotado por diferentes grupos étnicos que se dedicaban a la producción de sal. Su acceso, por un camino de tierra en el que las llamas, las vicuñas y las alpacas pasean a sus anchas, desciende hasta lo más profundo de este valle en el que se encuentran las pozas de sal. Una especie de bañeras naturales, aparentemente minúsculas desde lo alto, que tiñen la zona de una paleta de colores que pasa del rosa arcilla al blanco más puro, brillante y cristalino en época de cosecha. Entre las 6,8 hectáreas que ocupa en la actualidad el salar, hay distribuidas 3744 pozas de sal que en su mayoría se han ido heredando de generación en generación.

Todas pertenecen a 633 socios que forman parte de MaraSal, la empresa que gestiona desde hace 23 años la explotación del salar. Poniendo en valor este producto a través de su cosecha y producción artesanal como lleva haciéndose desde hace más de 2800 años atrás. También grupos de personas individuales, familiares o amigos tienen en su poder una única poza pero no pueden formar parte de la sociedad, ya que para ello deben poseer al menos cuatro pozas de sal. Esta sal, que es conocida como sal rosa, le debe su nombre al color que adquiere de los minerales que le aporta el agua de manantial y el suelo arcilloso de la zona. Su singularidad es que, el agua que hace que se formen los cristales de sal proviene de dos manantiales que se encuentran entre los 800 y los 1000 metros de profundidad y a una temperatura de 30ºC.

Maras y su labor artesanal

La cosecha de la sal se realiza los meses secos, de junio a noviembre, cuando las lluvias permiten que se formen las capas de sal sobre las pozas. Ese es el momento en el que el salar se tiñe por completo de un blanco pulcro y brillante que reluce desde lo más profundo del valle. Todo el proceso de cosecha y producción de la sal se realiza de forma completamente artesanal. Una labor que le pertenece única y exclusivamente a sus propietarios. Llevándose a cabo a lo largo de todo el año pues, aunque no se coseche, las pozas deben mantenerse en buen estado temporada tras temporada. El proceso de la recolección de esta cosecha artesanal se realiza levantando la primera capa de sal. Dando lugar a la llamada sal rosa, destinada por completo a consumo humano.

Una vez recogida la sal rosa, llega el momento de trabajar la segunda capa de sal, la conocida como sal roja y destinada a otros usos, especialmente médicos, mineros y agropecuarios. Otra sal es la p’aqalla, la sal que se forma en las paredes de la roca y que consumen las mujeres que están gestando. Todas ellas se apilan de forma independiente y trasladan a pie a los secaderos finales en sacos de mínimo 35 kilos. En estos secaderos la sal se extiende bajo un techo transparente, logrando un efecto invernadero. Así pierde la humedad de forma natural con el calor del sol. Proceso que suele durar entre dos y cuatro días dependiendo de la época del año, si es temporada seca o lluviosa. En total, cada año se recogen alrededor de mil toneladas de sal entre todas la variedades.

La sal de Maras en el mundo

Desde Maras, desde este pequeño pueblo de 1730 habitantes enclavado en el Valle Sagrado de los Incas, la sal llega -por ahora- a 18 países del mundo y se prevé que en un año pueda exportarse a otros tantos más. Lugares en donde se vuelve a poner en valor de un condimento que no solo sirve para resaltar el sabor de las elaboraciones y aportar al cuerpo los minerales que necesita. También para mantener una tradición y unas costumbres milenarias y artesanales que hacen de esta sal cosechada a 3.300 metros de altitud sea una de las mejores del mundo. La sal que utilizaron los incas y que antes de ellos recolectaron los Warys, una etnia con una cultura mucho más comercial que la incaica que encontraron en la cosecha y la recogida de la sal de esta zona un negocio.

Muy interesante la excursión a las salinas de Maras, donde he aprendido muchas cosas. Recordaros que además de este lugar podremos ver en esta jornada los andenes circulares concéntricos de Moray o realizar una excursión en cuatrimotos (quad). Estamos en el Valle Sagrado de los Incas y queda mucho por ver todavía. El impresionante patrimonio paisajístico, artístico e histórico de Cusco y sus alrededores dan para muchos días. Ya estuve también en la excursión a la laguna Humantay o realizando el trekking del Salkantay, el otro Camino Inca. Además del ascenso a la Montaña de los 7 colores, a más de cinco mil metros de altitud, pero esto ya al este de la capital del imperio inca. Os dejo ahora con el pequeño vídeo que he montado de esta visita. Espero que os guste y si así es os pido algún comentario. Muchas gracias.

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