
Qué ver en Madeira
Martes, 20 de agosto de 2024
MARÍA cumplió los 18 en mayo y teníamos que celebrarlo a lo grande. Así que decidimos irnos los cuatro a Madeira, la perla del Atlántico, o la isla de la eterna primavera. Dos de los apodos que tiene este maravilloso lugar. Más que una isla, Madeira parece un pequeño continente con infinidad de paisajes diversos, muy exótica pero cercana a la vez. Y la tenemos un poquito más cerca que nuestras queridas islas Canarias. Salimos de Cáceres después de la medianoche para estar en Lisboa con tiempo, dejar el coche e ir a la terminal. Tenemos el vuelo a las 6,30 de la mañana. Hora prevista de llegada al aeropuerto de Funchal a las 8 y veinte. Todo salió como estaba previsto y sobre las 9,30 ya teníamos coche (394€ los cinco días). Había mucho que ver en Madeira, así que nos dirigimos al hotel a dejar el equipaje.

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Para ir tomando contacto con la isla y con las gentes del lugar, antes de comenzar con las excursiones, vamos a callejear por la capital de Madeira: Funchal. Lamentablemente, lo primero que observamos es (ya desde el avión también y en la prensa lo había escuchado en los días previos), una densa capa de humo. Este mes la isla de Madeira ha sido víctima de importantes incendios, que han consumido más de 8.000 hectáreas (aproximadamente un 14% de la superficie forestal de la isla). Además del peligro que ha representado para las personas e infraestructuras, el fuego ha afectado notablemente al bosque de laurisilva, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Afortunadamente, cuando nosotros llegamos estaban a punto de extinguirse y en un par de días pudieron controlarlo del todo.

Qué ver en Funchal
Una vez dejadas las maletas en el The Vine Hotel (1.936€ los cuatro, en dos habitaciones, con desayuno incluido) y aparcado el coche, nos disponemos a recorrer a pie las calles de Funchal. Allá por 1421, Joao Gonçalves Zarco, el colonizador del archipiélago, fundó la capital de Madeira. Durante el siglo XIX tuvo mucho prestigio, ya que ilustres viajeros como Sissi Emperatriz y diversos miembros de familias reales fueron la avanzadilla temprana de otros como Winston Churchill o Ernest Hemingway que acabaron recalando más tarde en la isla. Basta pasear por la avenida Arriaga para notar aquella distinción. Construida en 1914, sorprende la amplia calzada portuguesa del bulevar, en cuyos lados se reparten edificios emblemáticos como el Golden Gate y el Ritz Madeira. Enfrente, la larga fila de taxis colorea de amarillo el acceso al Jardín Municipal de Funchal, un pequeño edén en esta isla jardín.



Seguimos las farolas decoradas con geranios de la avenida Arriaga para alcanzar la catedral de Funchal. El que fuera símbolo del poderío marítimo portugués es en la actualidad epicentro de la vida de la ciudad. A su alrededor están las tiendas, cafeterías, restaurantes y los principales edificios administrativos de Madeira. La emblemática catedral, encargada por el rey Manuel I a finales del siglo XV, fue la primera construida en ultramar. Marca su aspecto exterior la fachada encalada y de toba roja, roca característica de la isla. Antes de la catedral, y dando también a la avenida do Mar, hemos visto el palacio de San Lorenzo. Encargado de nuevo por Manuel I, que decidió construir una fortaleza en 1513. Es desde 2006 la Residencia Oficial del Representante de la República para la Región Autónoma de Madeira. Continuamos nuestro paseo por las calles de Funchal, mucho que ver en Madeira.



Mercado dos Lavradores
Durante el callejeo por Funchal, habrá oportunidad de encontrar varios puestos callejeros de fruta. Son sólo una muestra de la apoteosis colorida y exótica del Mercado dos Lavradores. Paseando por la comercial rua Dr. Fernão de Ornelas, se llega directo al mercado, con sede en un singular edificio art déco, de 1937. La calçada portuguesa entra hasta el animado patio del mercado como si exterior e interior fueran una misma cosa. En la entrada, las vendedoras de flores. En el patio central, los vendedores de fruta y verduras ofrecerán mango, maracuyá, kiwis y otras piezas tropicales. Alrededor, los bares con platillos y tapas que dan a las calles adyacentes. Hay ajos, pimientos, artículos de mimbre, de cuero, un rumor constante y popular, como si toda la ciudad pasara por aquí. Sin duda alguna es uno de los lugares que no debes perderte si pasas algún día en Funchal.






Rua de Santa María
Y hemos llegado a la zona velha (casco viejo) de Funchal. Salimos del mercado dos Lavradores, cruzamos la rua Latino Coelho y entramos en la calle más famosa de la capital de Madeira. Allí tenemos un montón de bares para tomar algo y refrescarnos, y restaurantes para degustar la gastronomía de la isla. Enseguida nos llama la atención la cantidad de puertas muy bien decoradas que tenemos a derecha e izquierda. La situación de degradación que vivía el casco antiguo de la capital, especialmente tras las inundaciones sufridas en el año 2010, hizo reaccionar a muchos vecinos. Y comenzó el proyecto de arte Portas Abertas. Varios artistas pintaron algunas puertas. Y en siete años, 220 puertas de comercios o de espacios abandonados y deteriorados, volvieron a la vida a golpe de pintura, escultura, fotografía o escritura. Las redes sociales se encargaron de hacer el resto.






Fortaleza de Santiago
Llegamos al final de nuestro itinerario de hoy, muy interesante para ser el primer paseo por Funchal. La historia de esta ciudad registra innumerables ataques corsarios a lo largo de los siglos. Para protegerla, se construyeron fuertes que crearon un cinturón defensivo eficaz. El forte de São Tiago sirvió precisamente para eso. Esta fortificación, que data de principios del siglo XVII, está estratégicamente situada sobre el paseo marítimo del casco antiguo, la zona histórica de la ciudad. Su construcción comenzó a mediados de 1614, bajo la responsabilidad de Reais Jerónimo Jorge, el maestro de obras real. Más tarde fue completada por su hijo, Bartolomeu João. Sin duda alguna, una impresionante atalaya con una vista privilegiada sobre el Atlántico, que sirve de punto final para esta espectacular caminata. Regresamos por la avenida do Mar a nuestro hotel, nos espera un buen baño en la piscina que tenemos en la azotea.






Carreiros do Monte
Por la tarde, ya como nuevos después del baño y de haber comido, llegamos hasta el teleférico que sube de Funchal a Monte. El ticket nos cuesta 14,50€ a cada uno, solamente de ida, porque bajaremos andando. Vamos a disfrutar de la famosa bajada en trineos, popularmente conocida como Carreiros do Monte. Los trineos de Monte se originaron por primera vez a principios del siglo XIX cuando fueron utilizados como el primer medio de transporte público «cuesta abajo» por los residentes locales que querían viajar rápidamente desde el pueblo de Monte hasta la ciudad de Funchal. El paseo comienza debajo de los escalones de la iglesia de Monte. Este pequeño pueblo encaramado en las colinas con vistas a Funchal, a 6 kilómetros del centro de la capital, fue anteriormente un centro de salud para la alta sociedad europea. El precio de la excursión ha sido de 35€ por pareja.




Miércoles, 21 de agosto de 2024
Después de la caminata de ayer por Funchal, hoy toca coche. Recuerda que si quieres colaborar en el mantenimiento de este blog, puedes ayudar alquilando tu coche en Madeira -o en cualquier parte del mundo- pinchando en la imagen que te dejo debajo de este párrafo, te lo agradezco de antemano. Nos dirigimos hacia el este de la isla. Dejaremos la ER101 en la salida 15, Garajau. Vamos a ver el famoso Cristo Rei. Situada en uno de los lugares más sorprendentes de la isla de Madeira, la estatua de Cristo Rei de Garajau es uno de los monumentos más emblemáticos de la costa oriental. Esta imponente escultura está integrada en un mirador que permite contemplar la exuberante Reserva Natural Parcial de Garajau. Desde allí también puedes ver parte de la bahía de Funchal. Volvemos a la autopista, pasamos por debajo del aeropuerto y llegamos a la playa de Machico.



En Machico nos pegamos nuestro primer baño en aguas de Madeira. Esta playa cuenta con una amplia explanada de deslumbrantes arenas doradas artificiales, traídas del Sahara Occidental. Después de un rato agradable en el agua y tomando el sol, proseguimos viaje hasta llegar a la punta de San Lorenzo. Allí mañana realizaremos un fabuloso trekking. Ahora vamos al porto da Cruz. Mucho que ver en Madeira.



La isla de Madeira está llena de pequeños rincones donde sus vecinos parecen haber hecho un pacto con el diablo para conseguir parar el tiempo. Es la única forma de entender pueblos como Porto da Cruz, donde parece que todo se ha detenido con el único objetivo de disfrutar de las vistas, del tiempo, del buen comer y, sobre todo, del buen beber. Desde allí, las míticas casas de Santana y el mirador de Rocha do Navio los tenemos a quince minutos.




Jueves, 22 de agosto de 2024
Ayer pudimos comprobar que hay mucho que ver en Madeira. El itinerario por el este de la isla así lo demostró. Hoy volvemos a pasar por debajo del aeropuerto internacional Cristiano Ronaldo y en Machico, giramos a la derecha para tomar la carretera ER109. Siguiéndola hasta el final alcanzamos una rotonda donde finaliza el asfalto. Allí dejamos el coche. Hemos llegado pronto por lo que no tenemos ningún problema. Este sendero de 6 km (ida y vuelta) te lleva a descubrir el extremo oriental de la isla, con vistas panorámicas de las caras norte y sur. Viendo el Ilhéu do Desembarcadouro y el Ilhéu do Farol. Descansamos en la Casa do Sardinha y regresamos. El clima semiárido y la exposición a los vientos del norte justifican la escasa vegetación y la ausencia de árboles en este lugar, que contrasta con el resto de la isla.







Como los graves incendios que han arrasado la parte central de la isla impiden realizar senderismo por las rutas más bellas de Madeira, tenemos que consolarnos con asomarnos a una que está abierta. Es la Levada dos Balcões. En esta vereda nos encontramos con especies autóctonas y endémicas de Madeira, que ofrecen distintos matices de color verde al bosque de laurisilva. Un tipo de bosque subtropical húmedo del periodo terciario que un día pobló todas las islas de Macaronesia : Azores, Madeira, islas Salvajes, islas Canarias y Cabo Verde. Este sendero es muy corto, apenas un kilómetro y medio de longitud, que desemboca en el mirador de Balcões, donde podemos contemplar un paisaje grandioso. Desgraciadamente también vemos los picos humeantes y los hidroaviones sobrevolando la zona para terminar de sofocar los incendios en lo más alto de la isla. Una auténtica tragedia medioambiental, que tardará años en recuperarse.







Viernes, 23 de agosto de 2024
Comenzamos otra jornada en esta espectacular isla y hoy también tenemos mucho que ver en Madeira. Si el miércoles condujimos hacia el este, hoy la carretera nos lleva hacia los hermosos lugares que hay en el oeste. De nuevo por la ER101 llegamos hasta cabo Girão, donde se encuentra el mirador más famoso de Madeira. Con una sorprendente plataforma de cristal (skywalk) suspendida a casi 600 metros de altura. Si no tienes vértigo, te encantará recorrer este balcón con suelo de cristal para admirar las bellas panorámicas de las fajãs (terrazas) de Rancho y Cabo Girão, de Câmara de Lobos y Funchal. Continuamos por la autovía, dejamos atrás la Ribeira Brava y llegamos a la playa de Calheta. Allí disfrutamos de nuevo de las aguas del Atlántico y de la gastronomía isleña. No sorprende que año tras año, el archipiélago de Madeira reciba reconocimientos como mejor destino insular de Europa.





De vuelta a la carretera costera, vamos dejando una y otra vez la ruta principal para adentrarnos en vías secundarias o entre las calles de pequeñas localidades para llegar hasta los vertiginosos acantilados que se suceden a lo largo del noroeste de Madeira. Y así llegamos al mirador del faro de Ponta do Pargo, que está situado en el punto más occidental de la isla de Madeira. Permite ver los imponentes acantilados costeros, hasta Achadas da Cruz. Siguiendo el viaje por la costa norte llegamos a la localidad de Porto Moniz y sus piscinas naturales. Delimitadas por la roca volcánica que caracteriza la costa norte de Madeira e inundadas de cristalina agua de mar, ofrecen un extraordinario punto de contacto con la naturaleza de la zona. Agotados de tanto que ver en Madeira regresamos a Funchal por la ER104 después de dejar atrás Seixal. Una auténtica maravilla de viaje.





Qué ver en Madeira en 4 días
Pues hasta aquí lo que hemos podido ver en Madeira en estos cuatro días de agosto. Sin duda alguna nos ha encantado esta isla de interior verde tropical y ocre volcánico. Madeira es un pequeño edén atlántico, tapizado de bosques de laurisilva y huertos que descienden hasta una costa de acantilados y piscinas marinas. Apenas mil kilómetros separan este conjunto insular de la ciudad de Lisboa, sin embargo, su forma de vida, el clima y la orografía no podrían ser más diferentes. Pisar tierras madeirenses es cambiar de manera automática, contagiarse de una alegría y bienestar que sólo es posible en las islas. Y nosotros así lo hemos sentido. Ha sido un auténtico placer disfrutar de la belleza de esta isla junto con Ángela, María y su madre Marián. Espero que si alguna vez os da por visitarla echéis un vistazo a este artículo: qué ver en Madeira. Muchas gracias.








