Extremadura

El Palancar: el monasterio más pequeño del mundo

Muchas veces no tienes que irte muy lejos de casa para ver lugares espectaculares. Apenas a 50 kilómetros de mi lugar de residencia se encuentra uno de los rincones más mágicos de la geografía extremeña. Es El Palancar, el que dicen el monasterio más pequeño del mundo. En realidad es un convento, muy bien explicado por fray Guillermo, que hizo de guía en mi visita a este bucólico lugar. Fácilmente accesible desde el puerto de los Castaños, a mitad de camino entre Cáceres y Plasencia. Dejamos la autovía de la Plata, la A-66, y dirección Coria llegamos al pueblo de Pedroso de Acim. Solamente dos kilómetros nos separan del convento fundado por San Pedro de Alcántara en 1557.

Llama la atención en primer lugar el enclave en el que se encuentra situado el convento del Palancar. En un pequeño alto, al final de la carretera, rodeado de encinas y con unas vistas impresionantes. Allí llegó fray Pedro de Alcántara a mediados del siglo XVI, a una modesta casucha de un matrimonio placentino, donde fundó en 1557 un diminuto convento. Fiel en extremo a las ideas franciscanas de pobreza y austeridad, construyó un edificio de 72 m², lejos todavía de los 80 m² permitidos para tal fin. Lo primero que hizo fue una pequeña capilla, que daba cobijo a fray Pedro y al único hermano que le acompañaba en los comienzos del Conventico.

El interior del convento

Todo el conjunto arquitectónico del Palancar y su interior estaban caracterizados por una enorme simplicidad, muy acorde al carácter de la vida del fraile. Así que llama la atención enormemente las estrecheces de todas las estancias. Tanto de la pequeña capilla como de las celdas de los frailes y el pequeñísimo claustro. La capilla, con sus 6,25 m² y sus 3,5 metros de altura, posee una decoración a base de mosaico de vidrio. Pequeñas teselas coloreadas dan formas a distintas imágenes que plasman, entre otras cosas, algunos símbolos franciscanos. En el centro aparece una escultura de San Pedro de Alcántara. Idéntica a la que se encuentra en una de las esquinas de la concatedral de Santa María, en la capital cacereña.

El pequeño claustro

El claustro es una imagen que nos deja desconcertados cuando llegamos a esa estancia. Imposible hacer una fotografía en apaisado, así de estrecho es el lugar. Un metro cuadrado en la parte exterior y cuatro vigas de madera a modo de columnas sostienen este diminuto claustro. Las distintas estancias del convento se disponen a su alrededor. En siglos pasados el hueco interior estaba al descubierto, aprovechando el agua de lluvia que caía al centro del mismo e iba a parar a un pequeño aljibe.

El claustro del convento del Palancar

En la cocina tenían todo lo imprescindible para hacer la comida: una chimenea y un caldero. Igualmente de reducidas dimensiones, parece mentira que en ella pudiera manejarse más de una persona para realizar labores culinarias. Porque no existían mesas y los frailes comían en el refectorio. Para ellos era un lugar de penitencia puesto que la comida la tomaban puestos de rodillas. Allí también se reunían para organizar la vida conventual.

La celda de San Pedro de Alcántara

Pero, sin duda alguna, lo que más llama la atención del visitante en El Palancar es la celda de fray Pedro de Alcántara. Porque es increíble pensar que en ese espacio tan reducido una persona de 1,90 metros de altura pudiese apenas descansar. Y eso hacía allí nuestro protagonista, sentado en una pequeña piedra y apoyando la cabeza en un madero clavado en la pared. El ejemplo más claro de toda una vida dedicada a la penitencia.

El patio exterior está formado por un pequeño huerto y un hermoso jardín, que respetan claramente la escala del resto de dependencias. Allí estaba la famosa higuera que plantó San Pedro de Alcántara, cuyos frutos, según cuentan, sanaban a los enfermos. Una gran cruz de piedra recuerda uno de los lugares favoritos de este santo eremita. El piar de los pájaros y la serenidad del ambiente contagian de una paz y una tranquilidad que da gusto disfrutar.

Tengo que agradecer a Fray Guillermo su atención y sus explicaciones en la visita guiada que me dispensó. Me aclaró la diferencia entre un convento (habitado por frailes) y un monasterio (habitado por monjes). Él es uno de los cinco frailes franciscanos que habitan a día de hoy el convento del Palancar. Ninguno de ellos vive en el antiguo edificio. Termino este artículo con los horarios para visitar El Palancar y con la pequeña peli de esta jornada. Espero que os guste.

En la puerta del convento del Palancar con fray Guillermo, uno de los cinco frailes que habitan este lugar.

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