Qué ver en Berna y en Ginebra
Suiza

De Berna a Ginebra

21 y 24 de julio de 2025

Viajar a Suiza en julio es una experiencia que combina naturaleza, historia y una calidad de vida que se percibe en cada rincón. De Berna a Ginebra, aunque muy diferentes entre sí, ofrecen recorridos a pie ideales para disfrutar del verano europeo. Con temperaturas agradables y días largos, caminar por sus calles permite descubrir detalles que de otro modo pasarían desapercibidos. Berna, con su aire medieval y tranquilo, invita a perderse sin prisa. Ginebra, en cambio, es cosmopolita, vibrante y con una fuerte presencia internacional. En este artículo te propongo dos paseos, uno por cada ciudad, pensados para disfrutarlos a pie, con paradas clave y recomendaciones que encajan especialmente bien en el mes de julio, cuando las terrazas están llenas de vida y los parques lucen en su máximo esplendor. Después de disfrutar de los impresionantes paisajes de los Alpes le tocaba el turno a dos de sus capitales.

De Berna a Ginebra
Berna

De Berna a Ginebra
Ginebra

Comenzamos en Berna, una de las cuatro capitales suizas, cuyo casco antiguo es Patrimonio de la Humanidad. El paseo puede iniciarse en el puente Nydegg, desde donde en pocos minutos se accede al corazón histórico. La calle Kramgasse es perfecta para empezar: soportales, tiendas y fuentes renacentistas acompañan el recorrido. Caminando sin prisa, llegarás a la Torre del Reloj (Zytglogge), uno de los símbolos de la ciudad, donde cada hora tiene lugar un pequeño espectáculo mecánico. Continúa hacia la plaza del Ayuntamiento y déjate llevar por las calles empedradas. Lo mejor de Berna es precisamente eso: no hace falta seguir un itinerario rígido, basta con dejarse guiar por la arquitectura y el ritmo pausado de la ciudad. Aquí tengo que decirte que si vas a alquilar un coche, te recomiendo DISCOVERCARS. Además de tener unas ofertas imbatibles, ayudas al mantenimiento de este blog. Muchas gracias.

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De Berna a Ginebra: dos paseos imprescindibles

Siguiendo el paseo, hay que acercarse a la Catedral, el edificio gótico más importante del país. Subir a su torre ofrece una de las mejores vistas de la ciudad y del río Aar, que rodea el casco antiguo con su característico color turquesa. En verano, muchos locales bajan a sus orillas para refrescarse, así que es buena idea continuar el recorrido hacia el río. Puedes cruzar alguno de sus puentes y disfrutar de una perspectiva diferente de la ciudad. Otra parada interesante es el foso de los osos, símbolo histórico de Berna, donde actualmente viven varios ejemplares en un entorno más natural. Desde allí, el paseo puede continuar hacia el Rosengarten, un jardín con más de 200 variedades de rosas y unas vistas panorámicas perfectas para descansar al atardecer. Y ya que estás, hacerte una foto en el banco de Albert Einstein. Menudas vistas.

Tras explorar Berna, el contraste con Ginebra resulta fascinante. Situada junto al lago Lemán (lago de Ginebra), esta ciudad ofrece un paseo más abierto y dinámico. El recorrido puede comenzar en la zona del lago, donde el Jet d’Eau se eleva como icono indiscutible, que se observa desde toda la ciudad. En julio, el ambiente junto al agua es especialmente animado: gente paseando, ciclistas y terrazas llenas. Caminar por el muelle du Mont-Blanc permite disfrutar de vistas espectaculares hacia los Alpes en días despejados. A lo largo del paseo encontrarás jardines bien cuidados, como el Jardín Inglés, famoso por su reloj floral. Que en esta ocasión, y con motivo de la celebración en Suiza de la Eurocopa de fútbol femenina, estaba decorado con motivos de este deporte. Este primer tramo es ideal para tomar contacto con la ciudad y disfrutar del aire libre antes de adentrarse en su casco histórico.

De Berna a Ginebra

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Dos maravillosas ciudades

Desde el lago, el paseo continúa hacia el casco antiguo, subiendo poco a poco por calles empedradas. La Catedral de San Pedro es el punto central, con una mezcla de estilos arquitectónicos que reflejan la historia de la ciudad. Allí no puedes dejar de visitar la capilla de los Macabeos. También puedes subir a sus torres, donde puedes obtener una panorámica diferente del lago y los tejados de Ginebra. En verano, las plazas cercanas suelen acoger pequeños eventos culturales, lo que añade un encanto especial al recorrido. Muy cerca se encuentra la Maison Tavel, la casa más antigua de la ciudad, que hoy funciona como museo. Pasear por esta zona es una oportunidad para descubrir rincones tranquilos, patios escondidos y cafés donde hacer una pausa antes de continuar explorando. El recorrido por estas calles con mis chicas y su madre me resulta especialmente encantador. Y todo gracias a Isa.

El paseo puede ampliarse hacia la zona de las organizaciones internacionales. Una opción interesante también es acercarse a la Jonction, allá donde juntan sus aguas el Ródano y el Arve. Ginebra también invita a relajarse en sus parques, como el Parc des Bastions, donde locales y viajeros disfrutan del buen tiempo. Y de allí volver de nuevo al Quai du Mont-Blanc, para acercarnos a los famosísimos Bains des Pâquis. Allí cenamos con nuestra querida Isa y nos hacemos la última foto de este viaje frente al Phare des Pâquis. De Berna a Ginebra, julio es un mes ideal para caminar sin prisas, detenerse en cada detalle y disfrutar de la mezcla de historia y modernidad. Dos ciudades distintas, pero complementarias, que se descubren mejor paso a paso. Os recuerdo que en Suiza no hay roaming y debéis tener una eSIM de Holafly. Pinchad para comprarla con un 5% de descuento.

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