Timanfaya
Islas Canarias

Lanzarote, 15 lugares imprescindibles

En mi cuarto viaje a las Islas Canarias en dos años, decidí visitar las dos islas más orientales del archipiélago: Lanzarote y Fuerteventura. La primera de ellas, Lanzarote, me pareció un auténtico paraíso. Sin duda alguna esta isla es sinónimo de volcanes, campos de lava, rocas de formas imposibles, tierras negras y rojizas que contrastan con las típicas casas blancas, el azul del mar y el celeste del cielo. Elegí su capital, Arrecife, para alojarme allí durante mi estancia, en el Nirvana Yoga Center, durante tres noches, por 118,12€, en habitación compartida. Arrecife es capital de Lanzarote desde la segunda mitad del siglo XIX. Desde allí, y tomando la LZ-1 y la LZ-2, me desplacé por toda la isla sin ningún problema. Para poder disfrutar de todos los rincones mágicos que posee Lanzarote. Lugares imprescindibles que debes visitar cuando vengas por aquí y que ahora quiero describirte en este post.

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Timanfaya es el único lugar de Lanzarote que no puedes dejar de ver si visitas esta isla. Toda la fuerza y la energía volcánica de Lanzarote se encuentra en el entorno del Parque Nacional. Aquí se encuentra la máxima expresión del volcanismo en la isla y una de las más representativas del archipiélago canario. Ante nosotros aparece un paisaje áspero, contundente, salvaje, donde el silencio más sepulcral cobra también especial protagonismo. La visita en autobús a las Montañas del Fuego es fundamental. Un espectacular recorrido guiado, durante el cual permanecerás sobrecogido por un horizonte abigarrado, ocupado por conos volcánicos, campos de lava, rocas de formas caprichosas… Eso si, no os dejéis llevar por la pereza y acercaos pronto hasta el islote de Hilario, donde comienza la ruta. Si llegáis más tarde tendréis que soportar las largas filas de vehículos desde el control de entrada.

Otro de los lugares más conocidos de la isla de Lanzarote y que aparece en todas las listas de lugares recomendables que visitar son los Jameos del Agua. Las erupciones del volcán de la Corona produjeron un túnel volcánico que llegó hasta la costa. La palabra “jameo”, de origen guanche, hace referencia al agujero que se produce debido al hundimiento del techo de este túnel volcánico. César Manrique transformó el entorno y realzó aún más su belleza, creando un espacio espectacular. Este espacio está formado por tres jameos o aberturas. El Jameo Chico, por donde se realiza el acceso al interior y se encuentra el restaurante; el Jameo Grande, donde está situada la piscina, y el Jameo de la Cazuela, que se encuentra tras el escenario del auditorio. El lago que hay dentro de la caverna, es el hogar de una especie de cangrejo albino único en el mundo.

Al igual que en el anterior post, donde quise destacar algunas de las piscinas naturales de Tenerife, en Lanzarote también lo haré. Son Arrieta y Punta Mujeres, al noreste de la isla. El principal encanto de Arrieta es que aún conserva su espíritu marinero y ese carácter relajado que se respira en los pequeños pueblos tradicionales. Destaca su piscina natural en la playa del Charcón, justo al lado de la Casa Juanita (o Casa Azul). En Punta Mujeres tienen dos kilómetros de costa con diversas piscinas naturales, dos de ellas bien protegidas del mar abierto. Otro pueblo pesquero de casas blancas y que también conserva su aire tradicional. Si quieres disfrutar de una jornada relajada y un baño espectacular, te las recomiendo. Con la ventaja de que al lado tienes dos de los centros turísticos más visitados: los Jameos del Agua y la Cueva de los Verdes.

Una de las mejores vistas que pude disfrutar en Lanzarote fue la que contemplé desde el Mirador del Río, con la isla de La Graciosa ante mis ojos. Situado al norte de Lanzarote es una auténtica obra de arte sobre la cima de un imponente acantilado. Inaugurado en los años 70, es una de las obras arquitectónicas más representativas de César Manrique. Sin duda alguna merece la pena pagar los 8 euros que cuesta el ticket. Tras atravesar una sugerente entrada, nos encontraremos con dos impresionantes ventanales de forma abovedada. Son los ojos del Mirador, a través de los cuales Manrique concebía una extraordinaria vista panorámica. Se divisa perfectamente El Río, una estrecha franja de mar que da nombre al mirador y que separa Lanzarote de La Graciosa, la octava isla canaria. Las vistas son realmente espectaculares, puedes pasarte allí un buen rato impresionado por ese paisaje.

Hasta tres lugares salen en Google Maps cuando escribes mirador de Haría. Los tres miradores se encuentran muy cerca de la pequeña localidad de Haría, conocida porque se encuentra ubicada en el encantador “valle de las mil palmeras”. Y también porque allí se encuentra la Casa Museo de César Manrique. El primer mirador que visito, por una carretera de tierra, es el mirador Rincón de Haría. Con unas vistas espectaculares hacia los acantilados de Famara y su famosa playa, en el lado oeste. Después, y ya por la LZ-10, llego hasta el mirador de Haría, también llamado mirador de Malpaso. Dispone de dos pasarelas de cristal desde donde es posible divisar tanto el valle de Haría como el de Temisa. Y, por último, el mirador de Los Helechos. Con idénticas vistas que el anterior, hacia el este, y apreciando claramente los pueblos de Tabayesco, Arrieta y Punta Mujeres. Una maravilla.

La playa de Famara se extiende a lo largo de más de cinco kilómetros de arena rubia en el noroeste de la isla de Lanzarote. Pertenece al Parque Natural del Archipiélago Chinijo y se encuentra ubicada entre el pueblo marinero de La Caleta de Famara y la base de los espectaculares acantilados de Famara. Es una playa inmensa y tremendamente idónea para practicar deportes acuáticos como surf, bodyboard, windsurf y kitesurf, gracias a su oleaje y vientos constantes. Se llega muy bien desde Teguise por la LZ-402. En Famara puedes encontrar un ambiente genuinamente surfero para toda la familia, concretamente el centro de la playa es la mejor zona para que los niños se inicien en este deporte. También esta playa se convierte en la pista de aterrizaje de los vuelos en parapente cuyo punto de despegue se encuentra en el risco de Famara. Riesgo y aventura por doquier.

Lanzarote es un lugar mágico lleno de pueblos encantadores que te invitan a descubrir los pequeños detalles de la vida cotidiana en cada esquina. Al llegar a la isla en avión, te maravillas con la intensidad del azul del océano contrastando con el blanco de los pueblos que salpican el paisaje. Lugares como Caleta de Famara, El Golfo, Haría, Yaiza, o… Teguise te dejarán sin aliento con su belleza y su encanto sorprendente. Al recorrer las carreteras de Lanzarote, como la LZ-10 o la LZ-30, de repente te encuentras con Teguise, un pueblo que parece surgir de la nada como un espejismo en medio del paisaje. Situado en el corazón de la isla, en el norte, la Villa de Teguise tiene una historia fascinante. Fue una de las primeras poblaciones fundadas en las Islas Canarias y capital de Lanzarote desde el siglo XV hasta el XIX, cuando la sustituyó Arrecife.

En el suroeste de la isla de Lanzarote existe un lugar que me llamó poderosamente la atención. Está al lado del pequeño pueblo llamado El Golfo. Un asentamiento al borde del océano adornado de unas cuantas casas marineras de estilo lanzaroteño que hacen del paraje un sitio realmente encantador. Un paisaje esculpido por las erupciones de Timanfaya de 1730 a 1736. Subiendo una pequeña cuesta, sin ningún esfuerzo, llegas al mirador del Charco de los Clicos. Y allí, ante tus ojos, aparece un minúsculo lago de color verde. Un color que se debe a las algas del fondo del charco y que contrasta con la arena negra de la playa que está a su lado. El Charco de los Clicos es, en realidad, la mitad de lo que queda del cráter de un volcán. La otra mitad ha sido destruida por la fuerza erosiva del viento y el mar.

Mira que hay paisajes curiosos en el mundo, pero el que existe en Lanzarote, al mismísimo lado del Parque Nacional de Timanfaya, es de otro planeta. Casi en el centro de la isla, atravesada por la LZ-30, existe una zona muy conocida que es única en el mundo. Una zona de cultivo que se llama La Geria. ¿Y qué es la geria? Pues ni más ni menos que un hoyo excavado en la tierra, una tierra de grava volcánica de pocos metros de profundidad, en cuyo centro se planta una vid. Con casi todo el borde rodeado de rocas. Unas rocas que protegen a la planta de los vientos alisios que azotan la isla. Este terreno volcánico, originado por las erupciones de Timanfaya de 1730 a 1736, recoge la poca humedad existente en la zona aportando a la parra la frescura y el agua necesaria para los días de sol.

Entre el Parque Nacional de Timanfaya y La Geria existen muchos volcanes, cráteres, conos volcánicos, calderas… Uno de esos espacios es el volcán del Cuervo, a cuyo cráter se accede muy fácilmente. En la zona próxima a este volcán comenzaron las erupciones de Timanfaya, en el año 1730 y continuaron durante 6 años más. Es impresionante poder disfrutar con toda la familia de este viaje en el tiempo que supone adentrarse en su interior. La caldera de los Cuervos presenta un único cráter situado en el sector central del edificio volcánico. A pesar de la sencillez de las formas que presenta, durante su erupción albergó en el interior una charca de lava de importantes dimensiones. Aún hoy son visibles en las paredes internas del cráter algunas marcas que indican los distintos niveles que llego a alcanzar este lago temporal de lavas.

Lanzarote es una isla que parece una caja de sorpresas. Vayas por donde vayas te encontrarás con un rincón que te dejará boquiabierto. Es lo que ocurre con unas grietas en la ladera de Montaña Blanca, casi en el mismo centro geográfico de la isla. El cono volcánico de Montaña Blanca, con sus 596 metros de altitud, es la quinta altura de la isla. Las vistas desde su cima son absolutamente bestiales y eso solamente merece una mención aparte. Pero el lugar que llama la atención a los curiosos en esta zona no es otro que las famosas grietas alojadas en la base de esta montaña. Tres enormes grietas que se formaron al resquebrajarse la ladera sur del cono. Las Grietas de Montaña Blanca se produjeron al enfriarse la lava de una erupción en contraste con el de la roca que la soporta. Y el resultado fue espectacular.

Amanece otro día radiante en Lanzarote. Tengo que dejar la isla esta tarde y salgo bien temprano de Arrecife para aprovechar la mañana. Me dirijo hacia el sur, por la LZ-2, para llegar a Playa Blanca a media tarde y tomar el ferry que me llevará a Fuerteventura. Poco antes de llegar a la preciosa localidad de Yaiza veo un indicador que señala a la izquierda Playa Quemada. Me llama la atención el nombre y decido desviarme hacia ese lugar. En un paisaje verdaderamente inhóspito, me encuentro al borde del mar con un puñado de casas. Enseguida entiendo el nombre del lugar, su playa aparece ante mí como si estuviera quemada por el sol y por las tremendas erupciones volcánicas del siglo XVIII. Al lado, la playa de La Arena. Con marea baja llegas en cinco minutos. Si está alta, hay que bordear la costa, y tardarás unos veinte.

Playas no le faltan a Lanzarote, como a cualquier isla del archipiélago canario. Una de las más populares se encuentra al sur de la isla y tiene nombre de ave. Es la playa Papagayo, una pequeña cala de enorme belleza. Dentro del Parque Natural de los Ajaches se encuentra la punta del Papagayo, la punta más meridional de la isla lanzaroteña. Dicen que allí se encuentran las mejores playas de esta isla canaria. De hecho, las aguas de esta zona son transparentes, de color esmeralda, y permanecen todo el día inmóviles como si de una piscina se tratara. Me recuerdan las que disfruté con mis hijas en el verano de 2019 en Menorca. Rodeada de un entorno casi salvaje, Papagayo está ubicada en una hondonada a la que se llega por un corto sendero muy accesible. El acceso a la zona se realiza por una pista de tierra algo incómoda.

Durante varios siglos Teguise fue la capital de esta isla, hasta que en la segunda mitad del siglo XIX ese título se lo arrebató Arrecife. Situada al este de Lanzarote, junto al océano Atlántico, Arrecife es una ciudad de más de 50.000 habitantes. Asentada sobre un arrecife, del que recibe su nombre, se originó en torno a una laguna salada, conocida como Charco de San Ginés. Arrecife la puedes recorrer a pie en pocas horas. Desde el mencionado charco, al lado del puerto, llegamos enseguida a la plaza de las Palmas, donde se encuentra la iglesia de San Ginés. Avanzamos por la avenida La Marina hasta el puente de Bolas, que une la ciudad con el castillo de San Gabriel. Volvemos a la avenida y llegamos al parque Islas Canarias, con la torre de un conocido hotel de fondo. A continuación, la playa del Reducto, en la avenida Fred Olsen.

También en la punta más al sur de Lanzarote, pero en el lado opuesto a la playa de Papagayo, se encuentra la Caleta del Congrio. Seguimos en un entorno de aguas turquesas y arena blanca, delicia de los amantes de pasar todo el día en la playa. Un espacio totalmente salvaje, donde reina un aura mágica que de forma inmediata ofrece paz y desconexión. Tenemos ante nosotros una playa de unos 280 metros de longitud por 30 de ancho. Las vistas hacia el sur son todo un espectáculo, una panorámica impresionante a la isla de Lobos y a la vecina Fuerteventura. A esta playa se accede desde el aparcamiento por un sendero muy cómodo de arena fina. Hay que decir que es un destino predilecto para los amantes del naturismo. Entre los lugareños se suele decir que en esta playa el reloj se para y la ropa desaparece.

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