Etapa 7: Los Arcos – Logroño

domingo, 24 de julio de 2016

Los kilómetros que no hice ayer al finalizar en Los Arcos los hago hoy. Por ello se ha convertido esta etapa en la más larga que he hecho desde que empecé: 31 kilómetros. Navarra ya queda en el recuerdo y una nueva región me recibe, La Rioja, que recoge el testigo de la traza jacobea.

Salgo bien temprano, casi de noche, porque quiero llegar a Logroño pronto y descansar durante toda la tarde. Inmediatamente dejo Sansol atrás, ya a la vista de Torres del Río. Un rápido descenso nos sitúa a las puertas de esta población. Cuesta subir por sus empinadas calles y dar con la iglesia del Santo Sepulcro. En esta población se han quedado la mayoría de los peregrinos con los que compartí jornada ayer.

Torres del Río queda atrás. Viene una serie de pequeños toboganes (sube y baja), nada exigentes pero que van cargando las piernas kilómetro a kilómetro. Ya aparecen la primeras vides, típicas de esta zona. Llego a la ermita de la Virgen del Poyo y al barranco de Cornava. Detrás de esa ermita me paro un momento en el chiringuito de Pepe, que me cuenta una historia digna de admiración.

LA HISTORIA DE PEPE

Hace un año y medio este señor vivía en la costa de Tarragona. Tenía su restaurante, su vida le iba fenomenal. Tanto social como económicamente era la envidia de sus vecinos, pero estaba aburrido y no era feliz. Hasta que decidió volver a hacer el Camino de Santiago por tercera vez y pasó por aquí. En ese preciso momento le dijo a sus acompañantes que ese era su sitio, que se venía con su mujer y con su hijo a vivir a Navarra.

Casi todos le dijeron que estaba loco, alguno le dijo que le echaba un par de huevos. Pero ni lo uno ni lo otro, él simplemente encontró su sitio. Decidió que lo mejor para él y para su familia era irse. Y lo hizo. Me decía que ahora es más feliz que en toda su vida. Abriendo su chiringuito a las 7 de la mañana y volviendo a su casa de Viana, a ocho kilómetros, a las 3 de la tarde. Y allí encontró su lugar, en medio de la nada. Cualquier interpretación del simbolismo y de la historia que os acabo de contar queda al libre albedrío del lector.

Prosigo mi camino tras la charla y llego hasta la localidad de Viana. Avanzo hasta el centro de la población por las calles El Cristo, La Pila, el portal de la Trinidad, la plaza del Coso, donde está el Balcón de Toros. Finalmente, la calle Mayor, que conduce hasta la plaza de los Fueros. Aquí se dan cita, frente a frente, el Ayuntamiento y la iglesia de Santa María, gótica de soberbias dimensiones y orgullosa de su original portada renacentista. Poco más de diez kilómetros de camino y llegamos a la capital riojana.

El peregrino accede a Logroño por el puente de Piedra, sobre el Ebro, como hicieron otros cientos de miles antes. Logroño y La Rioja deben mucho al rey Alfonso VI. Fue él quien, desplazada la frontera de Castilla hasta la margen derecha del Ebro, encargó a santo Domingo de la Calzada y a su compañero de ingenierías públicas, san Juan de Ortega, la mejora del puente de piedra sobre el famoso río. Así lo hicieron a finales del siglo XI y la obra se convirtió en catalizador de una urbe que, hasta entonces, no pasaba de asentamiento agrícola. Tanto creció que acabó arrebatando la capitalidad a Nájera.

Desde mi alojamiento en esta etapa de hoy me despido. Estoy en elNH Logroño y la noche con desayuno me sale por 52€. En la parte de abajo, entre el verde de los árboles, y con un banco esperando al peregrino que llega agotado desde Navarra o dispuesto a la marcha hacia Nájera, destaca la silueta de un pedazo de este Camino de Santiago que sigo realizando en solitario. Por la derecha vine y por la izquierda me voy.

Como siempre, os dejo los enlaces de los albergues que tenemos en la capital riojana:

Una etapa larga, bonita y que deja unos recuerdos interesantes. Todo en la peli que acabo de editar, espero que os guste:

2 Comments

  • María Martínez

    Me encanta cómo vas haciendo tu diario. Qué buena idea, seguro que te la copio porque me parece muy original. Gracias Carlos.

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