diariodeandar en la capital de Lituania
Lituania

Vilna, capital de Lituania

¿Qué ver en Vilna?

El primer lugar al que llego en mi road trip por los Países Bálticos es Vilna, la capital de Lituania. Este país es pequeño pero no minúsculo. Su superficie dobla la de Cataluña y se queda corta en referencia a Andalucía. Tiene poco más de tres millones de habitantes. Aunque suene extraño, el centro geográfico de Europa se halla en este país Báltico, exactamente a 26 kilómetros al norte de Vilnius. Un mojón señala el punto exacto. Para aprovechar bien el viaje hay que ir a Lituania en verano, cuando los días son larguísimos y las noches muy cortas. Aunque cada época del año tiene lo suyo: con el deshielo de los ríos, la primavera es perfecta para el rafting; en otoño, los bosques están maravillosos y en invierno se debe ir preparado para contemplar paisajes de postal y decidido a pisar nieve.

Vilna, la capital de Lituania, es una ciudad perfecta para descubrir en un par de días. Su centro histórico combina calles medievales, iglesias, plazas y edificios llenos de historia. Puedes comenzar el recorrido por la plaza de la Catedral y visitar la impresionante Catedral de Vilna. Desde allí, camina hasta la torre de Gediminas, uno de los símbolos de la ciudad. Después, adéntrate en el casco antiguo y descubre la calle Pilies, la iglesia de Santa Ana y la Universidad de Vilna. Tampoco puede faltar una visita al barrio de Užupis, conocido por su ambiente artístico y su particular personalidad. El segundo día puedes dedicarlo a conocer lugares como la Puerta de la Aurora, el antiguo gueto judío y el Bastión de Vilna. Y, por supuesto, reserva tiempo para disfrutar de sus cafés, restaurantes y miradores. En esta imagen puedes ver los lugares más destacados.

Vilna y su impresionante catedral

La capital lituana conserva un casco antiguo y bellos edificios barrocos que compagina a la perfección con una arquitectura moderna y buenas propuestas de ocio. Tiene un centro barroco precioso con numerosos y tentadores bares y restaurantes, así como talleres de artistas. Hay que perderse por sus callejuelas y meterse en sus patios interiores. La catedral de Vilna, la principal catedral católica de Lituania ha sido, desde principios del siglo XV, la sede donde se celebraban las ceremonias de toma de posesión de los monarcas lituanos. La catedral de Vilna no es solo un lugar de culto, sino también, un lugar histórico que conecta las raíces paganas de Lituania con su herencia cristiana. El interior de las criptas alberga restos de altares paganos y frescos antiguos datados de antes de la conversión de Lituania al cristianismo en 1387.

Vilna

catedral de Vilna

El interior de la catedral de Vilna sorprende por sus grandes dimensiones y su elegante decoración. Su aspecto transmite una sensación de amplitud, calma y solemnidad. Las paredes blancas contrastan con los detalles decorativos y las obras de arte que encontramos en sus diferentes espacios. Las capillas laterales guardan algunos de los elementos más interesantes de la catedral. Entre ellas destaca la capilla de San Casimiro, una de las más importantes y decoradas del templo. Su interior presenta mármoles, esculturas y numerosos detalles ornamentales. También merece la pena detenerse ante los diferentes altares y observar las pinturas religiosas que decoran el conjunto. Cada espacio ofrece pequeños detalles que invitan a recorrer el templo con tranquilidad. El resultado es un interior sobrio, elegante y lleno de historia. Un lugar que merece la pena visitar para comprender mejor el patrimonio religioso y artístico de Vilna.

capilla san Casimiro catedral de Vilna

interior de la catedral de Vilna

La ciudad de las iglesias

Vilna destaca por su impresionante patrimonio religioso y por contar con más de 50 iglesias repartidas por toda la ciudad. La mayoría se concentra en el centro histórico. Pasear por sus calles permite descubrir templos católicos, ortodoxos y de otras confesiones. Cada iglesia tiene su propia historia, arquitectura y elementos decorativos. Entre las más conocidas encontramos la iglesia de Santa Ana, uno de los grandes ejemplos del estilo gótico en Vilna. Muy cerca se encuentra la iglesia de San Francisco y San Bernardino, otro templo imprescindible durante el recorrido. También destaca la iglesia de San Pedro y San Pablo, famosa por su espectacular decoración interior. Sus paredes están cubiertas por cientos de esculturas y elementos ornamentales. La variedad arquitectónica convierte cualquier paseo por Vilna en una auténtica ruta por la historia religiosa de Lituania.

iglesias en Vilna
Conjunto de las iglesias de Santa Ana, San Francisco y San Bernardino

Entre las iglesias más interesantes también encontramos la de San Casimiro, situada junto a la Plaza del Ayuntamiento. Su característica fachada es uno de los elementos más reconocibles del casco antiguo. También podemos visitar la iglesia de Santa Teresa, situada junto a la famosa Puerta de la Aurora. En sus alrededores encontramos algunos de los rincones más históricos de Vilna. Muchas iglesias destacan por sus fachadas, mientras otras sorprenden especialmente al entrar. Sus interiores conservan pinturas, esculturas, altares y numerosos detalles ornamentales. Durante siglos, Vilna fue un importante centro religioso y cultural de Europa del Este. Por este motivo, sus calles conservan una extraordinaria diversidad de edificios religiosos. Recorrer la ciudad permite descubrir templos monumentales y pequeñas iglesias escondidas entre sus calles. Casi en cada recorrido encontrarás una nueva iglesia que descubrir.

iglesia de Santa Teresa
Iglesia de Santa Teresa con la Puerta de la Aurora al fondo a la derecha

Mucho que ver en la capital de Lituania

Pero no todo son iglesias en Vilna, claro está. He comenzado por ellas este artículo porque me llamó poderosamente la atención el número de templos que había. Calle por donde pasabas, iglesia que aparecía. Muy curioso. En fin, dejemos las iglesias, a las que he dedicado ya mucho espacio. Vamos a por más lugares, muy interesantes y muy bonitos también. Como es el caso de la torre de Gediminas. Uno de los grandes símbolos de Vilna, que domina la ciudad desde lo alto de la colina del mismo nombre. Es el último vestigio de un antiguo castillo medieval construido por el Gran Duque Gediminas. Desde su mirador disfrutarás de unas magníficas vistas del casco histórico y del río Neris. Su silueta destaca especialmente al atardecer, cuando Vilna adquiere una luz mágica y sus tejados rojizos brillan bajo el cielo lituano. Una visita ineludible si estás en Vilna.

torre de Gediminas en Vilna

Otro lugar muy interesante también y al que te puedes acercar desde la torre de Gediminas es la colina de las Tres Cruces. Uno de los lugares más emblemáticos de Vilna, también con una de las mejores panorámicas de la ciudad. En lo alto se encuentra el monumento de las Tres Cruces, visible desde muchos puntos del casco histórico. Las cruces originales fueron levantadas en 1916, aunque el monumento actual fue reconstruido después de la II Guerra Mundial. Durante la época soviética, las autoridades destruyeron las cruces originales por motivos políticos. Hoy, se ha convertido en un importante símbolo de la identidad lituana. Para llegar hasta la cima tendrás que subir varios escalones entre los árboles. El esfuerzo merece la pena, especialmente al contemplar el centro histórico desde las alturas. El amanecer y el atardecer ofrecen momentos especialmente espectaculares desde este mirador.

colina de las tres cruces en Vilna

vistas de Vilna

Vilna, una ciudad impresionante

Pasear por las calles de Vilna es todo un regreso al pasado. Una experiencia que permite descubrir el encanto de la capital de Lituania sin prisas. Sus calles empedradas conducen entre edificios históricos, pequeñas plazas y fachadas llenas de personalidad. Cada rincón parece guardar una historia y siempre aparece algún detalle que merece la pena detenerse a contemplar. Las iglesias destacan entre los tejados y crean una silueta única sobre la ciudad. También encontrarás cafés acogedores, tiendas con encanto y patios escondidos que invitan a curiosear. La calle Pilies es una de las más animadas y conecta algunos de los lugares más importantes del centro. Sin embargo, lo mejor es perderse por las calles cercanas y dejarse sorprender. Caminar por Vilna al atardecer tiene un encanto especial. La luz transforma sus fachadas y crea una atmósfera tranquila, acogedora y realmente mágica. Y llego al Bastión de Vilna.

La necesidad de construir una muralla de ladrillo alrededor de la ciudad se debió a los constantes ataques de los tártaros, que amenazaban la seguridad de los habitantes. Además, tenía como objetivo facilitar el cobro de los impuestos aduaneros a los comerciantes que traían mercancías a la ciudad. En 1503, el Gran Duque de Lituania, Alejandro Jagellón, otorgó un privilegio que permitió la construcción de la muralla defensiva de Vilna. La obra alcanzó su punto álgido entre 1506 y 1509. El año 1522 marca el final de la construcción, cuando el Gran Duque de Lituania, Segismundo el Viejo, eximió a los habitantes de Vilna de la obligación de vigilar el castillo y ordenó que 24 guardias se apostaran en las puertas de la ciudad para mantener una vigilancia constante. Toda la ciudad quedó rodeada por una muralla de ladrillo, excepto la parte más cercana al castillo, que permaneció abierta.

bastión de Vilna

Dos barrios, dos historias

Termino este recorrido por la ciudad con dos historias sobre dos barrios. El primero es el gueto de Vilna. El 24 de junio de 1941, Vilna fue ocupada por tropas alemanas y, desde los primeros días de la ocupación nazi, los judíos que aún vivían en la ciudad fueron perseguidos y asesinados. El gueto de Vilna se estableció el 6 de septiembre de 1941. Existían dos guetos: el Grande (con unos 30.000 prisioneros) y el Pequeño (entre 9.000 y 11.000 prisioneros). A finales de 1941, unidades policiales alemanas y lituanas, junto con el escuadrón especial SD (Sonderkommando), habían asesinado a unos 30.000 judíos de Vilna en el bosque de Paneriai, a las afueras de la ciudad. Durante estas masacres, todos los residentes del Pequeño Gueto fueron asesinados, y este gueto dejó de existir. Solamente unos dos mil judíos sobrevivieron a la ocupación nazi.

Terrible historia. La otra historia es la del barrio de Užupis. Užupis es uno de los barrios más curiosos y sorprendentes de Vilna, la capital de Lituania. Situado junto al río Vilnia, este pequeño rincón tiene una personalidad muy diferente al resto de la ciudad. En 1997, sus habitantes proclamaron simbólicamente la República de Užupis, con bandera, himno y hasta una constitución propia. Aunque la iniciativa tiene un carácter artístico y divertido, el barrio conserva un ambiente realmente especial. Sus calles están llenas de murales, esculturas, galerías y rincones originales. La famosa Constitución de Užupis está traducida a numerosos idiomas y puede leerse en placas instaladas junto al río. Sus artículos mezclan humor, filosofía y reflexiones sobre la libertad y la vida cotidiana. Pasear por Užupis significa descubrir una Vilna diferente, creativa y algo irreverente. Es un lugar perfecto para caminar sin rumbo y dejarse sorprender por cada esquina.

Vilna en mi canal de YouTube

Siempre digo que viajar tiene algo maravilloso: puedes vivir el mismo viaje hasta tres veces. La primera empieza mucho antes de salir, cuando lo preparas con ilusión. Buscas lugares, rutas, alojamientos y rincones que despiertan tu curiosidad. Después llega el viaje de verdad, cuando todo lo imaginado se convierte en experiencias, paisajes y momentos inolvidables. Pero la aventura no termina al volver a casa. Entonces comienza la tercera etapa, quizá la más especial para quienes disfrutamos contando lo vivido. Revisas las fotos, seleccionas los mejores vídeos y vuelves a recorrer mentalmente cada lugar. Después, entre recuerdos y horas de edición, das forma a tu web y a tu canal de YouTube. Cada imagen recupera una sensación y cada vídeo vuelve a transportarte allí. Así, viajar no consiste solamente en irse y regresar. También consiste en preparar, vivir y recordar. Y eso hace que cada viaje dure muchísimo más.

Muy pronto un nuevo vídeo.

Como siempre, al final de cada artículo me gusta dejar el enlace a los vídeos de mi canal. En cuanto los haya subido los veréis por aquí. Y ya sabéis, si no estáis suscritos, hacedlo. Y dejad algún comentario, tanto aquí, en la web, como en el canal. Quiero aprovechar este momento para daros las gracias a todos los que dedicáis unos minutos a ver mis vídeos, a descubrir nuevos lugares conmigo y, sobre todo, a quienes seguís mis aventuras viaje tras viaje. Cada visualización, cada comentario y cada nuevo suscriptor es una motivación enorme para continuar explorando, grabando y compartiendo experiencias. Detrás de cada vídeo hay muchas horas de carretera, caminatas, paisajes y momentos que merece la pena recordar. Gracias por estar al otro lado, por acompañarme en este viaje y por formar parte de esta pequeña comunidad viajera. ¡Nos seguimos viendo en el próximo capítulo!

Muy pronto un nuevo vídeo.

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