Senda Pirenaica. Etapa 28: Refugio de L’Illa – Malniu

Miércoles, 25 de agosto de 2021

Después de tres estupendos días en Andorra, llega el momento de despedirme del principado. Vuelvo a tierras catalanas en esta etapa 28 de mi Senda Pirenaica. Pero esta vez entro en Girona, última provincia que voy a recorrer en esta larga travesía. Así que me despido de los amigos que conocí en la jornada de ayer, y que nunca más volveré a ver en mi vida, y dejo el refugio de L’Illa con algo de melancolía. Como escribió Javier Reverte, «la amistad entre viajeros, que crece fuerte como un árbol joven, se enraiza en tu alma y se desvanece luego para siempre, como el humo». La senda asciende por detrás del refugio hacia la presa del estany de L’Illa, lo deja a la izquierda y poco después llega a un cruce donde el GRP y el GR7 continúan hacia el norte y el GR11 sigue a la derecha.

A unos 200 metros cruzo una portilla para que no pase el ganado y ya estoy de nuevo en Cataluña. El día ha amanecido muy nublado pero mirando hacia el este se intuye que durante la jornada irá despejando. Buena prueba de ello es lo rápido que desaparece la niebla para dejarme ver el pico de la Muga (2.860 m). Definitivamente dejo atrás Andorra. La senda desciende bruscamente hacia el pla de Vallcivera. Las vistas son espectaculares. Continúo bajando por el fondo del valle. Los prados van dando paso a los pinos, y así, llego a la cabecera del valle de la Llosa, definida por un amplio anfiteatro glacial. En un pequeño prado encuentro la cabaña del Esparvers. Y un poquito más adelante el único cartel que he visto hasta la fecha indicando los kilómetros que faltan hasta el cap de Creus. Un empujón de moral que viene muy bien.

A 233 kilómetros del cap de Creus

La etapa 28 de mi Senda Pirenaica sigue en la dirección de ese cartel, cruzo un pequeño riachuelo y comienzo a subir la montaña que tengo enfrente. Por el sendero llego a territorio de marmotas. Esta vez no me ha sorprendido su agudo chillido, las he visto en las rocas tomando el sol. La marmota alpina es un roedor, uno de los más grandes de Europa, y es una especie endémica de los Alpes occidentales. Se cree que desapareció del Pirineo hace 15.000 años, hasta que a mediados del siglo XX comenzó su introducción en el norte de la cordillera. Sigo ascendiendo con unas vistas hacia atrás maravillosas, viendo el camino recorrido. Todo un espectáculo. El punto de mayor altitud de la jornada lo tengo muy cerca y ya sólo quedará bajar. No hay que impacientarse. El día es espléndido y da gusto disfrutar el momento.

El desnivel se nota y los 7 kilómetros que llevo a la espalda también. Miro hacia adelante y veo la zona donde se encuentra la portella d’Engorgs. Me doy un poco de ánimo y agacho la mirada hacia el suelo. Es hora de apretar los dientes y realizar el último esfuerzo. Ahora si que tengo unas maravillosas vistas hacia el este y hacia el oeste. Delante de mí aparece majestuoso el circo d’Engorgs, un circo de origen glaciar. Estoy en la portella d’Engorgs (2.691 m). Comienzo a bajar muy fuerte haciendo zigzag hasta el pie de los estanques. Enfrente tenemos siempre la ancha muela del Puigpedrós, una cima redondeada y poco prominente, pero que es la más elevada del sector. Bordeo los estanques, primero el estanque de la Portella, poco profundo y de un color verde intenso; después los lagos de los Minyons, que se dan un beso cándido.

Un paseo tranquilo antes de perderme

Dejo atrás el pequeño refugio d’Engorgs o de Joaquim Folch i Girona (2.375 m). En adelante el GR11 comparte recorrido con el sendero local 102, marcado en amarillo. Llego a un balcón natural desde el que se divisa todo el valle del río Duran. Me dispongo a bajar para continuar a media ladera por la cara sur del Puigpedrós (2.914 m). Y meto la pata. Un fallo imperdonable cuando ya confiado por la bondad del terreno dejo de mirar el GPS. En la montaña nunca te puedes confiar. En lugar de continuar por la ladera bajo al lado del riu Duran un par de kilómetros. Cuando me doy cuenta del despiste me he separado del GR11 unos 500 metros. Lo he dejado a mi izquierda, bien arriba. Así que me toca buscarlo con el GPS y subir una pendiente brutal hasta encontrarlo. Esa tarea me lleva dos horas.

De nuevo en el sendero del que nunca debí salirme, acelero el paso porque las nubes que veo aparecer a lo lejos cada vez son más oscuras. También comienzo a escuchar algunos truenos que parecen no estar muy lejos. Dejo atrás el bosque de Corniols y llego a una zona de prados desde donde puedo divisar ya el refugio. Pero también me doy cuenta de que las tormentas que escucho están más cerca de lo que yo pensaba. Doy otro apretón a mis piernas, muertas del enorme esfuerzo realizado para recuperar la senda, y por fin llego al estany Sec o estany del Refugi. Cruzo una pequeña pasarela y estoy en el refugio de Malniu. Esta etapa 28 de mi Senda Pirenaica ha finalizado. Espectacular de nuevo, unas imágenes asombrosas y la aventura de estar «perdido» durante dos horas. Dejo las últimas fotografías y después el vídeo de la jornada.