Senda Pirenaica. Etapa 23: Refugio de Estaón – Tavascán

Miércoles, 18 de agosto de 2021

Me adentro de lleno en la vall de Cardós en esta etapa 23 de mi Senda Pirenaica. Salgo de la encantadora y pequeña localidad de Estaón en dirección norte y rápidamente me encuentro en una senda paralela al río. Poco a poco la senda desciende hacia la ribera de Estaón y se incorpora a una pista más ancha que supongo que viene desde la L-504 cruzando todo el valle de sur a norte. Camino por un paisaje que me recuerda bastante a mi querida sierra de Gata y en poco tiempo ya he sobrepasado las bordas de Colatxo y de Gori. Todo el rato al pie de sierra Mitjana, con el pico Miravall (1.866 metros) como único testigo de nuestro paso. En poco más de una hora he llegado a las bordas de Nibrós. El paseo ha sido muy agradable y todo llano, apto para ir con la familia.

Las bordas son unas construcciones de piedra que utilizaba la gente de la zona para guardar el ganado y la hierba segada de los pastos de los alrededores. Este conjunto de casas, forma pequeños núcleos que recuerdan y tienen la apariencia de pequeños pueblos abandonados. Tras dejarlas atrás, llegamos a un cruce señalizado donde el sendero de GR11 (marcas rojas y blancas), se desvía hacia la derecha para subir hacia el coll de Jou. Es un tramo bien señalizado, sin pérdida y no es una subida muy exigente. Dejo atrás la borda de Masover, donde debería haber una fuente. Y poco más adelante paso la borda de Vidal. Desde las bordas de Nibrós, en una hora justa, estoy en el coll del Jou, a 1.830 metros de altitud. Las vistas desde allí son espectaculares, la vall de Cardós en todo su esplendor.

En pleno corazón de la vall de Cardós

Desde el coll del Jou tenemos unas vistas impresionantes de todo el valle. Sin duda alguna el mejor mirador de la etapa que me espera mañana. Después de un pequeño descanso comienzo el descenso. Así que mucho cuidado con los primeros cien metros, los más empinados y más peligrosos por el terreno tan irregular. La bajada luego se convierte de nuevo en un paseo por el Parc Natural de l’Alt Pirineu. En una hora estoy en Lleret, un pequeño pueblo desde donde se divisa la localidad de Lladorre. A lo lejos, Boldís Jussá y Boldís Sobirá, por donde tendré que pasar mañana, en la etapa 24. De hecho, muchos senderistas, que prescinden de pasar por Tavascán, en Lleret bajan hasta Lladorre, para subir hacia las dos Boldís e iniciar el ascenso hacia el coll de Tudela. Así acortan una etapa. No lo recomiendo. Tavascán es un tesoro por muchos motivos.

Sigo en esta etapa 23 de mi Senda Pirenaica camino de Aineto. Que ya diviso muy cerca y un poquito más allá el embalse y pueblo de Tavascán. La villa de Aineto es un pequeño núcleo de casas empedradas apostado sobre la ladera este del Pic de Serra Plana (2.306 m). Un centenar de metros por encima del valle de la Noguera de Cardós a la altura del pantano de Tavascán. Como en muchos otros enclaves del Pirineo, que casi fueron abandonados por sus antiguos moradores, la reciente actividad turística convence a algunos para regresar o, en su defecto, adquirir las antiguas viviendas y restaurarlas. Es el caso de la iglesia de Sant Romà, una pequeña iglesia románica del siglo XII, de una sola nave. Paso por allí despacito, disfrutando de la soleada mañana y de la tranquilidad del lugar. Muy cerca ya del final de la etapa.

Los tesoros de Tavascán

Dejo atrás Aineto y tengo Tavascán a tiro de piedra. Las vistas del valle son impresionantes. Así que me dispongo a disfrutar de la caminata tranquilamente. Voy paralelo al embalse impresionado por la imagen que tengo de frente, el pueblo de Tavascán y las majestuosas montañas del Pirineo. Esta localidad y su valle son la perla más desconocida del Pirineo del Pallars Sobirá. Un lugar auténtico. La especulación urbanística ha pasado de largo y mantiene la esencia de los pueblos antiguos del Pirineo. Destaca la iglesia de Sant Bartomeu y el puente viejo de Tavascán, del siglo XII. Es una de las puertas de entrada del Parque Natural de l’Alt Pirineu y durante los años de la Segunda Guerra Mundial su collado fue uno de los caminos más utilizados por los refugiados que venían de la región francesa de Ariège.

Pero, sin duda alguna, lo que más me ha impresionado del pueblo al que he llegado en esta etapa 23 de mi Senda Pirenaica es la central hidroeléctrica. Uno de los tesoros más desconocidos que esconde Tavascán es la central hidroeléctrica subterránea. Una obra faraónica que no deja indiferente al que puede ver tal “maravilla” excavada en la roca. Durante la década de los 50, se inició la construcción de esta central, una obra de dimensiones colosales que duró hasta el año 1974, fecha de su inauguración. El espacio es muy poco conocido, pero ahora es posible visitarlo gracias al Centro de Interpretación del Agua. Si tenemos interés en ello es más que recomendable solicitar la visita con tiempo, ya que los grupos son reducidos. No te vas a arrepentir. Os dejo con algunas imágenes y el vídeo de esta etapa. A disfrutar.