Senda Pirenaica. Etapa 18: Cap de Llauset – Conangles

Martes, 20 de julio de 2021

Estoy ya en la Senda Pirenaica etapa 18 y llego a una jornada de transición. Después de varias etapas largas y duras hay que relajarse un poco y hacer menos kilómetros. En esta ocasión tenemos poco más de una decena de ellos y además todo es bajada. Excepto los primeros 600 metros, en los que debemos ascender hasta el collado de los Ibones, a 2.525 metros. Salgo muy temprano, como siempre, del refugio de Cap de Llauset, después de preparar bien la mochila. Como digo, los primeros metros discurren todavía por terreno de alta montaña, dejando a la izquierda el ibón del Cap de Llauset. Que vemos en la primera imagen de esta entrada. Subo entre los bloques de piedra y en una media hora he llegado al collado de Riueno. O collado de los Ibones, o collet del Estanyets. Así que el desnivel positivo terminó.

Las vistas con espectaculares desde el collado. Ya estoy en las postrimerías del pirineo aragonés y lo que veo delante de mí son los Pirineos catalanes. Por consiguiente esta etapa es una etapa de despedidas. Por un lado me despido de tierras oscenses. Y por otro lado me despido de mi amigo Sergio, con el que he realizado las cuatro últimas etapas. Pero de eso os hablaré más adelante. La bajada hasta los primeros ibones es incómoda, todavía con bloques y piedra suelta. Dejo atrás los ibones d’Anglios, el refugio del mismo nombre (en muy buen estado) y llego al ibón Gran. A partir de aquí la senda baja con decisión el barranco d’Anglios en busca del valle de Salengues. El camino se interna en el bosque y disfrutamos de una bajada un tanto empinada. He cambiado la piedra por la exuberante vegetación.

De Aragón a Cataluña

Ya he dicho anteriormente que en esta Senda Pirenaica etapa 18 cambio de Comunidad Autónoma. Dejo el espectáculo de los Pirineos aragoneses, que tan enamorado me tienen, y entro en los catalanes. Totalmente desconocidos para mí. Pero antes de ello paso por un tramo de camino precioso. Es una pista solitaria y bien marcada que desciende suavemente por las entrañas de un bosque de avellanos, sauces y algún que otro pino. Una auténtica maravilla. Cuando el sendero se adentra en la Obaga de Salenques, muy cerca de uno de los ríos más bravos del Pirineo, el terreno se vuelve más amable. Aquí las hayas nos hacen compañía, en un lugar que parece sacado de un cuento de elfos y gnomos donde todo parece posible. Arropados en ocres y en el murmullo de las aguas llegamos al puente de Salenques.

Allí desembocamos directamente en la carretera. Si, en la carretera. En la N-230 que viene del cercano túnel de Vielha. Algo inaudito y que me deja perplejo. Además, es un tramo en el que se presenta una curva sin visibilidad y los vehículos bajan a gran velocidad. Espero que algún año de estos se ponga remedio a este disparate. A pesar de eso, podemos disfrutar de las vistas del embalse de Baserca. Estoy dando mis últimos pasos por tierras aragonesas. Cruzo el asfalto y atravieso el río Noguera Ribagorzana por el puente de L’Espitalet. Ya estoy en Cataluña. Continúo al lado del río, por el valle de Barravés. Un camino sencillo y llano que me llevará hasta el refugio de Conangles. Me despido de mi amigo Sergio, canarión, que prosigue hasta la Restanca. Descanso y lavo la ropa. Termina otra etapa. Os dejo más abajo el vídeo.