Tierra de hielo y fuego

Esta tierra de hielo y fuego es la isla más grande y majestuosa de todas las que jalonan el Océano Atlántico. Su clima no tiene nada que ver con el de la isla portuguesa de Madeira, las Azores, las Islas Canarias, o Santa Elena. Y sin embargo, la naturaleza es la principal riqueza del país. Una naturaleza nueva, ya que la isla ha surgido de la dorsal que divide y aleja América y Eurasia. Islandia posee decenas de volcanes, algunos de los cuales con sus erupciones perturban el tráfico aéreo de media Europa; fallas que la recorren de Este a Oeste; glaciares inmensos; lagos; islas que surgen de la nada en mitad del océano, bahías y fiordos profundos. Paisajes para mantenernos en silencio y disfrutar de esas imágenes que nos acompañarán el resto de nuestra vida. Nada más aterrizar, la península de Reyjkanes es ya un paraíso para el viajero. Faros como el de Gardur, fallas, campos de lava, centros geotermales, lagunas azules y cementerios de barcos como el de Gríndavik nos transportan a otro planeta. Y solo es un compendio, un anticipo de todo lo que veremos en esta tierra de hielo y fuego. Sobre la Dorsal atlántica se halla esta isla singular. Sobre la misma línea de la dorsal, Islandia es cumbre de las montañas submarinas por las que se crea corteza terrestre. Su pasado volcánico es presente y hábito. Así surgió en 1963 la isla de Surtsey el territorio más joven de la tierra. 130 de sus 200 volcanes están activos y cuando despiertan suelen ser temibles. Así se recuerda la historia trágica del Laki en 1783 que a punto estuvo de acabar con la población islandesa, o la más reciente del Eyjafjallajökull en 2010 que interrumpió el trafico aéreo de Europa durante varias semanas. Otros volcanes han entrado en el imaginario colectivo, como el volcan Snaefellsjökull donde Julio Verne situaba el inicio del periplo del Viaje al Centro de la Tierra. De hecho toda la península de Snaefellsnes es otro de los destinos que no hay que perderse. Pueblos como Olafvik, Arnarstapi o Stylkkishólmur, acantilados, cráteres, fiordos, montes inconcebibles, caminos perdidos y granjas salpicando un territorio virgen y majestuoso. Uno de los lugares más espectaculares de todo viaje a Islandia. Y sin hablar del mítico Parque Nacional de Snaefellsjökull, del que hablaremos mas tarde.